Romero de Ávila, Gerónimo. Arte de Canto Llano, y órgano, ó Promptuario Músico.
Catálogo,Musicología,Archivo,Conservación preventiva

Compositores y obras: detalles del universo sonoro en la Recoleta Dominica

Repertorios creados para ópera y orquesta convivieron con registros sencillos y puros preferidos por la Iglesia.

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Romero de Ávila, Gerónimo. Arte de Canto Llano, y órgano, ó Promptuario Músico.

Luego de la Independencia de Chile de la corona española, en el ámbito musical comenzaron a escucharse y solicitarse nuevos repertorios compuestos para ópera y orquesta. Éstos compitieron con los registros permitidos por la institucionalidad religiosa, que defendía sonidos más sencillos y puros, preferentemente emitidos por el órgano.

En la Recoleta Dominica convivieron estos dos proyectos aparentemente antagónicos. El Catálogo musical describe detalladamente los compositores y obras que fueron escuchados e interpretados en esta institución religiosa.

Después de la renovación de la iglesia y convento de la Recoleta Dominica (1853-1882), ésta se transformó en un espacio alternativo para intérpretes y compositores, entre los que se encuentran varios maestros de capilla de la Catedral de Santiago, como José Antonio González y Manuel Salas Castillo.

Todos ellos fueron acogidos por las nuevas políticas administrativas implementadas por el fray Francisco Álvarez, quien se esforzó por lograr el equilibrio de las finanzas y la eficiencia productiva de la orden dominica. La armonía económica fue la base del despliegue artístico que se produjo en la Recoleta Dominica a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Compositores y obras destacadas

Entre los compositores y obras destacan las partituras de José Bernardo Alcedo, en especial su Trisagio Solemne para gran orquesta y coro así como las de algunos autores menos conocidos, como Enrique Maffei, quien trabajó en la Catedral de Santiago junto a Enrique Lanza en 1840.

Esta creación local se complementa con una gran cantidad de autores italianos y franceses. Compositores reconocidos como el jesuita Louis Lambillote (1796-1855), figuran junto a decenas de músicos religiosos menores, algunos casi imposibles de ser identificados en diccionarios biográficos y enciclopedias.

Algunas copias conservadas en Chile pueden ser las únicas de estos autores, lo que debiera ser revisado en detalle. Esto es bastante probable en el caso de compositores y organistas españoles, muchos de ellos catalanes o valencianos, conservados en álbumes y piezas sueltas hasta comienzos del siglo XX.

Resultan notables las discusiones institucionales en torno a la apreciación de las partituras de música sacra que integran la colección. Para aprobar lo que se escuchaba dentro de la Recoleta, las autoridades utilizaban timbres de censura. Pero no había claridad para definir qué era admitido.

En varios casos los timbres se superponen anulando un dictum anterior, lo que provoca dudas sobre las reales intenciones de los censores. La colección de la Recoleta Dominica deja abierta la discusión sobre las verdaderas repercusiones que tenía la censura en el uso del repertorio.

Cabe preguntarse por qué sólo algunos espacios de música religiosa de fines del siglo XIX conservan timbres de censura, mientras que la Catedral o el Seminario Pontificio Mayor de Santiago no lo hacen.

Tratados de enseñanza

Tratados influyentes como el Nouvelle Méthode de Violon de Bornet (Paris, 1786), métodos de guitarra, contrabajo, piano, mandolina, órgano y diversos instrumentos, permiten aproximarnos a la enseñanza musical y su transmisión.

La publicación de métodos tuvo un desarrollo importante durante el siglo XVIII, en paralelo a la enseñanza musical y a los ideales de la Ilustración, pero hasta ahora se desconoce la repercusión de estas enseñanzas y técnicas en América.

Los textos reflejan en su conjunto diversas tradiciones, como el de fray Marcos y Navas (Madrid, 1777) o un manual en formato manuscrito del siglo XIX para el aprendizaje de los religiosos de la propia Recoleta Dominica.

Algunos libros en pergamino que pueden rastrearse hasta comienzos del siglo XVIII, sugieren una tradición y posible continuidad de consumo de estos elementos claves de la liturgia que cubren casi todo el espectro temporal de la colección musical de la Recoleta Dominica.

Junto a la Catedral, ésta sería la única institución, que conservaría libros de música anteriores a la Independencia, en cantidad relevante.

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